domingo, 17 de febrero de 2013

Circuito del Jarama: Recuerdos Vivos

 Clay Regazzoni en el GP de España de 1974 con su Ferrari 312B3 en el Jarama
Nuvolari, Fangio, Varzi, Farina, Ascari, Portago… Las curvas del Jarama rinden homenaje a grandes nombres del automovilismo, pero el circuito permanece arrinconado en un terreno de Madrid acosado por urbanizaciones. Afortunadamente el RACE lo mantiene vivo con competiciones y diversas actividades, pero parece como si la Fórmula 1 le hubiera olvidado. En su asfalto, sin embargo, se han vivido algunos episodios inolvidables. Qué mejor lugar para iniciar esta nueva sección.

HACE 32 AÑOS

Es sábado por la mañana. Una mañana de invierno en la que el sol luce radiante pero no llega a compensar la falta de grados en el termómetro. El tráfico es fluido por la antigua Nacional I, actualmente denominada A1. La Autovía del Norte, uno de los principales ejes radiales norte-sur de España, serpentea ahora por entre polígonos industriales y urbanizaciones de lujo. Muchas empresas lucen en sus carteles la adopción del nombre del río que atraviesa la región: el Jarama, uno de los más importantes de la Comunidad de Madrid.



A la altura del kilómetro veintisiete el sol se refleja en los enormes carteles que se despliegan como molinos de viento sin aspas. No tardan en aparecer los banderines y demás decoraciones típicas de un circuito de velocidad. Se intuyen las gradas y la mítica torre de control. Hace no muchos años éste no era más que un lugar de paso entre San Sebastián de los Reyes y San Agustín de Guadalix, al Norte de Madrid, un descampado donde sólo tenían cita la velocidad y el ruido de las competiciones del mundo del motor y sus aficionados. Hoy el circuito del Jarama, propiedad del Real Automóvil Club de España (RACE), sigue cumpliendo funciones deportivas y de conducción, con importantes convocatorias y competiciones. Pero poco a poco las restrictivas normativas acústicas urbanas están limitando su uso.

Lejos quedan los días de Fórmula 1. La última vez que la categoría reina corrió aquí fue en 1981, y seguro que más de algún aficionado habrá olvidado que Gilles Villeneuve ganó aquel 21 de junio con su Ferrari 126 CK, encabezando el curioso trenecito de cinco monoplazas que se formó hasta la bandera de cuadros. El canadiense volador los mantuvo a raya y firmó una de las llegadas a meta más reñidas de toda la historia de la Fórmula 1, con cuatro rivales entrando todos con sólo 1,2 segundos de diferencia.


EL TÚNEL

Este año se cumplirán 32 años de aquella última victoria de Gilles Villeneuve. Una última victoria en un circuito que ese mismo año albergó su última carrera de Fórmula 1. En cualquier caso, hoy recorro la A1 y, a la altura del kilómetro veintisiete, aparece como un fantasma del pasado aquella última curva del circuito del Jarama: el Túnel. Se eleva por encima de las vallas de protección y parece un pedestal, o el escenario de un concierto de música que se levanta sobre el público para ofrecer una mejor visión.

El Túnel es la única zona del Jarama que no lleva un nombre propio adoptado; el resto de las curvas hacen alusión a mitos del automovilismo: Nuvolari, Fangio, Varzi, Farina, Le Mans, Ascari, Portago, Bugatti, Monza… Y ahí aparece el Túnel. Podría hacer referencia al de Mónaco, o a una transición entre el pasado y el presente, una especie de máquina del tiempo de asfalto… Pero en realidad simplemente alude al paso inferior que comunica el interior del trazado con el exterior.



Efectivamente, la última curva del Jarama es un túnel real que los aficionados y el personal del paddock deben atravesar para salir y entrar al circuito. Quizá el Túnel no sea tan famoso como la zona de Bugatti, y es de comprender: Bugatti es la bajada más admirada, bella y técnica, y también cuenta con el desnivel más pronunciado cuesta abajo: un 6,89% (frente al 4% de el Túnel). Pero el Túnel es la única curva en bajada que se toma acelerando y con la recta principal como placentera meta. La visión que tiene el piloto desde su máquina alcanza hasta la autovía, más allá del circuito. Se cruzan entonces las miradas de dos conductores con metas bien diferentes: en la autovía, miles de ciudadanos conscientes de que la carretera no es un circuito y que deben respetar las señales viarias. En el circuito, la libertad de una pasión en la que juegan factores físicos como únicos compromisos.

El Túnel lanza al piloto a toda velocidad hacia la recta. El Túnel dispara la adrenalina sin compasión. El Túnel nos hace viajar al pasado manteniendo siempre el presente en la mente. El Túnel nos hace recordar sin perder la cabeza, sin dejarnos llevar peligrosamente por nostalgias inútiles, sino aprendiendo de cada kilómetro, de cada experiencia, de cada historia. El Túnel arranca hoy en TheF1 y pretende ser un punto de encuentro para todos los aficionados: los que miran desde la autovía y los que disfrutan desde dentro. El Túnel atravesará tiempos y países, épocas y décadas, ríos y montañas, siempre en busca de algo interesante que contar. Porque El Túnel es mucho más que la última curva del Jarama.


RECUERDOS VIVOS

Mantengo la mirada durante escasos segundos en el asfalto del Jarama. La autovía está tranquila, pero parece que hoy hay jaleo en el circuito. Hay que ser sincero: todo tuvo su momento y su lugar, y el Jarama hace tiempo que no sirve para la Fórmula 1, con unas instalaciones precarias y anticuadas. Pero si hay suerte hoy aparecerá algún aficionado corriendo con su propio vehículo, algún alumno de la Escuela de Conducción RACE o, quizá, algún nostálgico recordando tiempos pasados.

De repente, como si fuera un espejismo, me parece que asoma un bólido rojo encarando a toda velocidad la bajada hacia la recta principal. Es un monoplaza, y si el frío cortante no me obligara a mantener la ventanilla del coche cerrada, seguramente escucharía el rugido del motor a todo régimen. Con el pie a fondo del acelerador, haciendo derrapar los neumáticos sobre el bordillo verde, desafiando la escapatoria de tierra, el piloto y su montura van desapareciendo detrás de los muros de protección, y finalmente se pierden a toda velocidad en el sentido contrario a mi marcha. Si esta bala roja ha atravesado de verdad El Túnel o sólo lo ha hecho en mi imaginación es lo de menos. Lo importante es que, de una u otra manera, su recuerdo sigue vivo.

Autor: Héctos Campos
CarAndDriverTheF1.com